Cuando uno va al campo, lo que quiere cuando acaba es decir: ‘Me he divertido, lo he pasado bien’. La gente va para eso. Hay buenas intenciones por parte de los técnicos
Estas palabras vienen de boca de Vicente Del Bosque, que entiende y conoce lo que piensa el aficionado del Real Madrid. Y es en resumen lo que uno ha intentado defender en esta columna. Es el aficionado el que al final va a dictaminar lo que quiere, por mucho que la clasificación marque otra cosa. No tener esto en cuenta, en un club como el Real Madrid es ponerse la venda en los ojos. La misma que le costó el puesto a Capello.
A veces, uno tiene la sensación que el Real Madrid hace bueno cualquier equipo que venga al Bernabéu. Con sólo orden, un poco más que una pizca de ambición, y que no aparezca la mala suerte, cualquiera es capaz de poner en aprietos al Real Madrid de Schuster (empecemos ya a llamarle por su nombre). El Deportivo ayer, puso orden, y durante la primera parte dio un paso al frente, pero con una absoluta carencia de ambición. Se encontró con un gol al primer minuto y el marcador de frente, sin tiempo para colocarse al aficionado madridista, y aunque mantuvo el paso al frente, paulatinamente se fue echando hacia atrás, hasta romper el orden que mantenía y permitir al talento sacar petróleo del alboroto (que fue lo que hizo Guti en la segunda parte).
Esto se repetirá varias veces durante esta temporada. Los blancos siempre concederán un par de ocasiones clarísimas de gol, en las que Casillas dictaminará su resultado, y a partir de ahí, dependerá de la ambición del contrario que el Real Madrid tenga la pelota. Porque este equipo sin la pelota no sabe defenderse. Y el Espanyol lo demostró.
Schuster continúo con su régimen de rotaciones, con Raúl y Sneijder de inicio en el banquillo. Esta idea de las rotaciones, que el fútbol moderno está ahora practicando, lo que está evidenciando es ver quien es verdaderamente necesario que esté en el campo. Uno no tiene dudas ante Casillas y Sergio Ramos, como entiende que Guti, en esta plantilla, no tiene sustituto, pero necesita de Sneijder para volar. Que Van Nilsteroy es el delantero, que Robinho, frente a la división de la grada, es el único que se atreve a hacer algo diferente. Y que Raúl, tan discutido, es el corazón y el alma de este equipo. Contagia otra velocidad, corazón, algo que ayer la mayoría de los titulares no demostraron.
Con su sola presencia, y tras el balón sacado bajo palos en la segunda parte por Marcelo a un tiro de Juan Rodriguez con Casillas, que falló en la salida, batido, el Depor dio tres pasos hacia atrás, colocó la defensa en la línea del área, y esperó que no llegase la mala suerte. A partir de la irrupción del capitán blanco, ni Coloccini, ni Adrián López (Picu), pudieron mantener más al equipo en defensa. Guti empezó a hacer de Guti, dio un pase a Raúl, y el rebote recogido por Van Nilsteroy, sirvió el gol en bandeja a Raúl. En esa jugada se trazaron los tres puntos que el Depor intentó evitar en toda la tarde: perdió el orden, desapareció su ambición, y se encontró con la mala suerte del rechace.
Luego ya vino el pase para la galería de Guti a Robinho, y la filigrana de éste delante de Aouate. Pero el partido se había ganado cinco minutos antes.
Todo esto ocurrió al final, pero no engaña a la realidad. Este Madrid juega mal, atropellado y a la carga, como lo hacía con Capello. Parece que no se ha quitado ese estigma. Que la plantilla, tal y como está diseñada, da para eso. Para empresas pequeñas, con rivales poco exigentes. Schuster lo intenta, de ahí la alineación de ayer, aunque todo se queda en eso, en el intento. Oculto bajo el manto del liderato.
Vienen dos salidas complicadas ahora, que van a determinar la realidad del nivel de la plantilla. Dos partidos de Champions en tres días. Con rivales ordenados y ambiciosos. La táctica, por lo visto ayer es sencilla: sembrar el caos, y que emerja la calidad. ¿Suficiente? Veremos. Eso sí, que el público de Valencia y Sevilla se olviden de ver un gran Real Madrid. Eso al aficionado madridista le dará igual. Sólo im…
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